CÚSPIDE DE LA INTELIGENCIA Y
SUS IMPLICACIONES EDUCATIVAS
Desde
que nacemos, estamos en constante aprendizaje, pasamos por los niveles de primaria
y secundaria para así poder ingresar a una universidad y poder estudiar la
carrera que más se nos amolde a nuestra personalidad, gustos, entre otros
factores.
Pero para poder alcanzar estos objetivos académicos, sin duda necesitamos entrenar
el cerebro y usar nuestra inteligencia para resolver todo
tipo de problemas.
Allá por el año 1905, el físico Albert Einstein tuvo su
llamado “año milagroso”, en el cual escribió cinco influyentes investigaciones
científicas. Entre las cuales se incluyen la ecuación más famosa de la historia
de la ciencia (E=mc2). Solamente tenía 26 años.
La astrofísica Sabrina Stierwalt cuenta que: “Mi
supervisor de doctorado, un hombre brillante e inspirador, solía decirme en
broma que la plenitud de su carrera había pasado y que estaba en mí lograr el
descubrimiento que le diera el premio Nobel a nuestro equipo”.
Dicha comparación que hacía el docente entre el
“año milagroso” de Einstein y su joven estudiante no solamente servía a modo de
motivación.
Ya que también caía dentro de un patrón que es
socialmente aceptado, donde las habilidades cognitivas alcanzan su punto máximo
a los 18 años para luego empezar su inexorable caída, indica Informe 21.
Dicha idea se encuentra reforzada con el hecho
de que, a medida que pasan los años, el cerebro se va deteriorando, al igual
que las habilidades de crear, razonar y memorizar información.
¿Eso quiere decir que los jóvenes adultos están
en el punto máximo de inteligencia? ¿Que sucede con la experiencia acumulada
con los años?
Fue realizado en el 2015, donde más de 48 mil
500 personas fueron evaluadas por el trabajo de Hartshorne mediante una serie
de pruebas online y luego cruzó la información con experimentos realizados en
persona en grupos pequeños.
El estudio afirma que: “algunas habilidades
alcanzan su punto máximo y comienzan a decaer tras la secundaria; algunas habilidades
se estancaron en la adultez temprana, comenzando a disminuir en los años 30;
otros no alcanzan su punto máximo hasta los 40 o más tarde”.
Por
ejemplo, a los 18 y 19 años, algunos tienen la habilidad de procesar información
rápida. En cambio, a los 25, algunos alcanzan el máximo
en memoria a corto plazo.
Es más, esta investigación conjunta de la
Universidad de Harvard y MIT descubrió que algunas llegan a su esplendor en la
tercera edad. A diferencia de lo que indicaban los estudios previos, en pruebas
de vocabulario los que mejor desempeño fueron los que se encontraban entre los
65 y 75 años.
Normalmente las pruebas de coeficiente
intelectual suelen medir el primer tipo de inteligencia y por eso a lo largo de
la historia, los distintos estudios demostraron que los jóvenes obtienen
mejores resultados que los adultos.
Pero, según arma el psicólogo Phillip L.
Ackerman en un estudio del 2016: “muchas tareas intelectualmente exigentes del
mundo real no pueden realizarse sin un vasto repertorio de conocimientos
declarativos y habilidades procedimentales”.
En otras palabras, asegura que nadie le pediría
al novato con el coeficiente intelectual más alto que realice una operación
cardiovascular por delante de un experto de mediana edad.
Y tampoco se esperaría que un estudiante universitario de primer año logre una tesis doctoral
con el nivel que lo haría otro con una trayectoria académica y experiencia
empírica mucho mayor.
En esta era de la sociedad del conocimiento y de la
información ha cambiado radicalmente esa teoría de que existe una edad
específica para aprender. Ante los constantes y vertiginosos cambios que
vivimos en el mundo de hoy, hace que continuamente los adultos, por muy adultos
que seamos, tengamos que mantener actualizados nuestros conocimientos o
simplemente aprender cosas nuevas. Ahora aprendemos siempre y durante toda la
vida.
Las estrategias de enseñanza para adultos parten de
la premisa de que éstos aprenden de manera distinta a los niños y jóvenes; esto
implicaría que para facilitar el aprendizaje del adulto hay que necesariamente
entender cómo estas personas procesan y aprenden la información.
En el momento de planificar cualquier tipo de
acción de aprendizaje resulta fundamental preparar su diseño en base a una
buena comprensión de la teoría del aprendizaje de adultos, puesto que son
estudiantes con conocimientos previos e ideas muy claras acerca de lo que es
útil para ellos.
Como lo explican algunos autores, en la sociedad
actual la gran mayoría de personas adultas que se sienten atraídas por buscar
formación generalmente ya vienen con una buena base de conocimientos y
experiencias previas, no necesariamente en lo académico formalmente, sino en
sus conceptos, valores, y hábitos que ya están arraigados en su personalidad e
ideologías.
Vemos entonces que no hay
una edad específica la cual se considere como cúspide de la inteligencia, sino
que somos seres de constante aprendizaje y este dependerá de la retroalimentación,
práctica, experiencia, área de interés y principalmente de la motivación.
Referencias bibliográficas:
· https://lorbada.com/blog/2017/04/22/teorias-de-aprendizaje-para-adultos-para-disenar-con-eficacia/
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