domingo, 10 de noviembre de 2019


CÚSPIDE DE LA INTELIGENCIA Y SUS IMPLICACIONES EDUCATIVAS

Desde que nacemos, estamos en constante aprendizaje, pasamos por los niveles de primaria y secundaria para así poder ingresar a una universidad y poder estudiar la carrera que más se nos amolde a nuestra  personalidad, gustos, entre otros factores. 
Pero para poder alcanzar estos objetivos académicos, sin duda necesitamos entrenar el cerebro y usar nuestra inteligencia para resolver todo tipo de problemas.
Allá por el año 1905, el físico Albert Einstein tuvo su llamado “año milagroso”, en el cual escribió cinco influyentes investigaciones científicas. Entre las cuales se incluyen la ecuación más famosa de la historia de la ciencia (E=mc2). Solamente tenía 26 años.


La astrofísica Sabrina Stierwalt cuenta que: “Mi supervisor de doctorado, un hombre brillante e inspirador, solía decirme en broma que la plenitud de su carrera había pasado y que estaba en mí lograr el descubrimiento que le diera el premio Nobel a nuestro equipo”.

Dicha comparación que hacía el docente entre el “año milagroso” de Einstein y su joven estudiante no solamente servía a modo de motivación.

Ya que también caía dentro de un patrón que es socialmente aceptado, donde las habilidades cognitivas alcanzan su punto máximo a los 18 años para luego empezar su inexorable caída, indica Informe 21.

Dicha idea se encuentra reforzada con el hecho de que, a medida que pasan los años, el cerebro se va deteriorando, al igual que las habilidades de crear, razonar y memorizar información.

¿Eso quiere decir que los jóvenes adultos están en el punto máximo de inteligencia? ¿Que sucede con la experiencia acumulada con los años?

Joshua Hartshorne, autor principal del mayor estudio sobre capacidad cognitiva en relación a la edad, dijo al portal MIT News que: “En cualquier edad estás mejorando en algunas cosas, estás empeorando en otras cosas y estás en una meseta en otras más”.



Fue realizado en el 2015, donde más de 48 mil 500 personas fueron evaluadas por el trabajo de Hartshorne mediante una serie de pruebas online y luego cruzó la información con experimentos realizados en persona en grupos pequeños.

El estudio afirma que: “algunas habilidades alcanzan su punto máximo y comienzan a decaer tras la secundaria; algunas habilidades se estancaron en la adultez temprana, comenzando a disminuir en los años 30; otros no alcanzan su punto máximo hasta los 40 o más tarde”.

Por ejemplo, a los 18 y 19 años, algunos tienen la habilidad de procesar información rápida. En cambio, a los 25, algunos alcanzan el máximo en memoria a corto plazo.

Es más, esta investigación conjunta de la Universidad de Harvard y MIT descubrió que algunas llegan a su esplendor en la tercera edad. A diferencia de lo que indicaban los estudios previos, en pruebas de vocabulario los que mejor desempeño fueron los que se encontraban entre los 65 y 75 años.


Normalmente las pruebas de coeficiente intelectual suelen medir el primer tipo de inteligencia y por eso a lo largo de la historia, los distintos estudios demostraron que los jóvenes obtienen mejores resultados que los adultos.


Pero, según arma el psicólogo Phillip L. Ackerman en un estudio del 2016: “muchas tareas intelectualmente exigentes del mundo real no pueden realizarse sin un vasto repertorio de conocimientos declarativos y habilidades procedimentales”.


En otras palabras, asegura que nadie le pediría al novato con el coeficiente intelectual más alto que realice una operación cardiovascular por delante de un experto de mediana edad.


Y tampoco se esperaría que un estudiante universitario de primer año logre una tesis doctoral con el nivel que lo haría otro con una trayectoria académica y experiencia empírica mucho mayor.
En esta era de la sociedad del conocimiento y de la información ha cambiado radicalmente esa teoría de que existe una edad específica para aprender. Ante los constantes y vertiginosos cambios que vivimos en el mundo de hoy, hace que continuamente los adultos, por muy adultos que seamos, tengamos que mantener actualizados nuestros conocimientos o simplemente aprender cosas nuevas. Ahora aprendemos siempre y durante toda la vida.

Las estrategias de enseñanza para adultos parten de la premisa de que éstos aprenden de manera distinta a los niños y jóvenes; esto implicaría que para facilitar el aprendizaje del adulto hay que necesariamente entender cómo estas personas procesan y aprenden la información.
En el momento de planificar cualquier tipo de acción de aprendizaje resulta fundamental preparar su diseño en base a una buena comprensión de la teoría del aprendizaje de adultos, puesto que son estudiantes con conocimientos previos e ideas muy claras acerca de lo que es útil para ellos.
Los adultos evidentemente son personas con mayores ocupaciones y no están dispuestos a perder el tiempo, buscan experiencias de aprendizaje que les ayuden a cumplir sus metas y satisfacer sus necesidades eficaz y rápidamente, pues no tienen tiempo que perder. Son más autónomos, prácticos y tienen una base de experiencia, bien sea de conocimientos o de vida. Todos estos aspectos deben ser tenidos en cuenta por los diseñadores o formadores.

Como lo explican algunos autores, en la sociedad actual la gran mayoría de personas adultas que se sienten atraídas por buscar formación generalmente ya vienen con una buena base de conocimientos y experiencias previas, no necesariamente en lo académico formalmente, sino en sus conceptos, valores, y hábitos que ya están arraigados en su personalidad e ideologías.
Vemos entonces que no hay una edad específica la cual se considere como cúspide de la inteligencia, sino que somos seres de constante aprendizaje y este dependerá de la retroalimentación, práctica, experiencia, área de interés y principalmente de la motivación.
Referencias bibliográficas:





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